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El poder de la mente

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Todos sabemos que la herramienta más poderosa que tenemos es nuestra mente. Con ella hemos logrado evolucionar, descubriendo el fuego y la rueda hasta crear internet y viajar a Marte. Sólo con la imaginación hemos podido construir edificios que llevan miles de años en pie, tales como las pirámides. Somos una de las especies que sobresalen en este planeta y tenemos la capacidad de asemejarnos a las demás, hemos conseguido volar, bucear, surcar las olas como los delfines o incluso adentrarnos en lo más profundo de la Tierra, creando grandes hormigueros.

Todo ello con una herramienta madre, la mente.

Si somos capaces de transformar nuestro entorno con ella, ¿por qué no seremos capaces de transformar nuestro cuerpo? Efectivamente esto es así. Te voy a demostrar cómo lo haces continuamente y no te has dado cuenta.

La sugestión

La traducción de la palabra sugestión es: Influencia que algo o alguien provoca sobre la manera de pensar o de actuar de una persona que anula su voluntad y la lleva a obrar de una forma determinada.

Bien, teniendo como premisa esto, podemos influir en nosotros mismos y ser ese alguien que provoca que nos comportemos de una forma específica. ¿Cuántas veces no se sugestiona uno mismo al pensar que le está dando un ataque de ansiedad y éste se convierte en algo más grave? ¿Cuántas veces no te duele algo en el cuerpo y al prestarle más atención el dolor aumenta? Todo ello es producto de nuestra mente.

La autosugestión es muy estudiada en la psicología como un fenómeno de nuestra mente. Es el mismo sujeto quien intenta inducirse una sensación o una idea. El problema es que por lo general lo realizamos para lo negativo, nunca para lo positivo. Cuando nos miramos al espejo y vemos un lunar que no nos gusta, ya comenzamos a sugestionarnos, llamamos al médico para una revisión y si somos personas hipocondríacas, ya estamos en el hospital pensando que nos vamos a morir.  

Si somos capaces de sugestionarnos con las enfermedades, podemos sugestionarnos para todo lo contrario. Sólo es ¡cambiar el foco!

Cómo influyen nuestras palabras

El japonés Emoto realizó un experimento sobre cómo influían las palabras en el agua. Para ello introducía una cantidad de agua en un tarro, la etiquetaba y le transmitía una palabra y la congelaba. Al rato, descubría que los cristales del agua congelada se transformaban en una figura diferente en función de la palabra que se emitía. Cuanto más amor llevaba esa palabra, más bonita era la forma, por el contrario, cuanto más odio o repulsión, más desfigurada estaba esa agua.

Este experimento es fundamental para entender cómo nos dañan las palabras. Al albergar un 99% de agua en nuestro cuerpo, los cristales que navegan por nuestra sangre pueden tener unas figuras u otras en función de cómo nos hablemos. Si esos cristales están desfigurados y estos van a nuestras células y alimentan nuestros órganos, ¿cómo nos veremos por fuera? ¿Qué tipo de procesos se darán en nuestro cuerpo con el agua contaminada?

Es momento de cambiar esas palabras, el entorno en el que vivimos y sobre todo cómo nos hablamos a nosotros mismos para mejorar en todos los aspectos. Emoto concluyó que no sólo era cuestión de las palabras, sino de la intención que se emite al pensar esas palabras, ya que no influía el idioma ni la música. Luego entonces, una vez más, hablamos de la mente, de su poder.

Si aunamos la autosugestión con la emisión de la intención de las palabras al mirarnos al espejo, podemos moldear nuestro cuerpo para nuestro bien. Decirnos que tenemos que desechar lo malo de nuestro cuerpo, así como darnos ánimos cada mañana sobre lo bonito que se está moldeando y lo guapos que estamos, hará que disfrutemos el proceso de adelgazamiento. De la misma forma, si nos decimos lo que nos queremos, lo buenos que somos, las cualidades que tenemos y nos animamos a nosotros mismos, hará que la frecuencia en la que vivimos atraiga la paz, la abundancia y la prosperidad a nuestra casa.

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